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Columna

Cuando el presupuesto habla… el silencio grita

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En política no hay casualidades. Y cuando el nombre de un funcionario comienza a repetirse en redes, columnas digitales y conversaciones de café, lo que normalmente sigue es una de dos cosas: una aclaración inmediata… o un silencio que termina oliendo mal.

Hoy ese silencio rodea a Israel Nájera Payán, coordinador de Comunicación Social del Gobierno Municipal de Ciudad Juárez. No es un puesto decorativo. Es la oficina desde donde se administra la relación con los medios, se “reparte” la publicidad oficial y, en buena medida, se intenta moldear la percepción pública de toda una administración.

Traducido al lenguaje real: es donde se decide quién cobra y quién no.

Por eso los señalamientos que circulan todavía sin una explicación puntual de la autoridad, no deberían tomarse a la ligera.

Las versiones hablan de convenios millonarios para portales que nadie identifica, medios digitales sin impacto medible y páginas que no generan conversación pública. Espacios que no marcan agenda, y que, casualmente, viven del presupuesto.

Y aquí es donde la historia deja de ser rumor para convertirse en una pregunta legítima de interés público:

¿Quién está vigilando el destino del dinero de los juarenses?

Porque cuando un portal desconocido puede facturar millones mientras medios reales pelean por sobrevivir, el problema ya no es mediático, es ético.

No se trata de atacar la publicidad oficial; todos los gobiernos la utilizan. El verdadero escándalo sería usarla como premio a la lealtad o como seguro contra la crítica.

Peor aún si ese dinero termina financiando propaganda disfrazada de información.

Pero la pregunta que ya empezó a cruzar las fronteras de Ciudad Juárez es todavía más incómoda:

¿Y los medios de Chihuahua… también están en la nómina?

Si la respuesta es no, bastaría con abrir los contratos.

Si la respuesta es sí, la ciudadanía merece saber por qué y quiénes son 

Así de simple.

Porque la transparencia no se presume: se demuestra.

A los cuestionamientos financieros se suman otros temas que han corrido con rapidez en el ecosistema digital: presuntos conflictos de interés, rumores sobre favoritismos internos e incluso versiones sobre conductas laborales delicadas. Nada confirmado oficialmente, pero tampoco desmentido con claridad.

Y en el servicio público hay una regla básica:

No todo lo que circula es verdad…

pero todo lo que circula exige una respuesta.

Ignorar el tema no lo desaparece. Lo agranda.

El riesgo para cualquier gobierno no siempre está en la corrupción comprobada, sino en la percepción de que podría existir. Porque cuando la confianza se rompe, no hay campaña que la reconstruya.

Aquí es donde entra el verdadero dilema para la administración municipal: explicar antes de que la sospecha se convierta en narrativa permanente.

Abrir los números. Transparentar los convenios. Mostrar criterios. Romper cualquier duda.

Porque cuando el dinero público entra en la conversación, el estándar debe ser uno solo: claridad absoluta o no? 

Entre rumores y aclaraciones

Cuando se trata de eventos que llaman la atención pública, los rumores suelen correr más rápido que las versiones oficiales. Eso fue justamente lo que ocurrió tras la supuesta participación de elementos de la Guardia Nacional en la seguridad de una fiesta privada.

El secretario de gobierno Santiago de la Peña. salió a poner las cosas en claro: ese señalamiento ya fue desmentido por el propio coordinador de la corporación, quien aseguró que ningún elemento federal participó en el resguardo del evento. Y no solo eso, también recordó que la Guardia Nacional simplemente no tiene facultades para brindar seguridad en celebraciones particulares. Su presencia en la región —aclaró— responde a otras tareas previamente acordadas con autoridades municipales.

El secretario general no ocultó su molestia por que una institución federal terminara envuelta en señalamientos surgidos de información sin confirmar. Según dijo, la postura oficial ya está sobre la mesa y no hay mucho más que agregar desde ese frente.

Sin embargo, aunque reconoció que se trata de un asunto privado, también dejó ver que el interés público que ha despertado amerita mayor claridad. Por eso, consideró que lo más prudente sería que la propia alcaldesa dé una explicación directa para evitar malas interpretaciones

Y es que el tema no pasó desapercibido. El viernes comenzó a circular la versión de que la alcaldesa organizó una fiesta para celebrar los quince años de su hija en la comunidad de Mesa de San Rafael. De manera extraoficial, vecinos y usuarios de redes sociales hablaron de un festejo de gran tamaño, con logística especial y cierto control entre los asistentes.

Al final, más allá del carácter privado del evento, el episodio vuelve a recordarnos algo: cuando se ocupa un cargo público, incluso las celebraciones personales pueden terminar bajo el reflector. Y en esos casos, la claridad no solo ayuda a calmar las aguas, también evita que la conversación se llene de especulaciones.

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