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Columna

Se fue César Jauregui

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La salida de César Jauregui no es cualquier movimiento administrativo de rutina. Es de esos momentos que, aunque se anuncian con un comunicado formal y palabras medidas, dejan claro que algo más profundo se está acomodando detrás del telón.

Su renuncia —irrevocable, nada de medias tintas— llega justo después de días complicados, del 17 al 19 de abril, cuando los hechos obligaron a voltear a ver con lupa lo que estaba pasando dentro y fuera de la Fiscalia General del Estado de Chihuahua 

El propio Jáuregui lo dijo: hubo situaciones que merecían una investigación más a fondo. Y en un país donde muchas veces las responsabilidades se patean hacia adelante, que un funcionario reconozca eso ya es, por lo menos, un giro interesante.

Pero tampoco hay que romantizarlo. Esta salida también es política. Es cálculo, es timing y es lectura del momento. Jáuregui decide hacerse a un lado bajo el argumento de la congruencia y la transparencia, dos palabras que suenan bien, pero que ahora tendrán que sostenerse con hechos, no con discursos.

En medio de todo esto aparece la figura de Maru Campos, quien tendrá la tarea de nombrar a la persona que tome las riendas de la Fiscalía. No es una decisión menor: quien llegue no solo tendrá que continuar con las investigaciones, sino también recuperar la confianza en una institución que, otra vez, queda bajo cuestionamiento.

Al final, la pregunta que queda en el aire es la de siempre: ¿esto marca realmente un antes y un después o es solo un cambio de piezas para que todo siga igual? Porque en Chihuahua ya hemos visto de todo… y la ciudadanía, cada vez más, quiere menos explicaciones y más resultados.

Maru nombra  Francisco Sáenz como encargado de la Fiscalía 

En Chihuahua, los movimientos dentro del gobierno estatal no se detienen, y esta semana tocó turno a la Fiscalía. La gobernadora Maru Campos decidió nombrar a Francisco Sáenz Soto como encargado del despacho de la Fiscalía General del Estado (FGE), una decisión que, aunque temporal, no deja de llamar la atención.

El nombramiento se dio este 27 de abril y, como suele suceder en estos casos, viene respaldado por la ley: artículos, fracciones y todo el aparato jurídico que sostiene este tipo de movimientos. En pocas palabras, todo en regla.

Pero más allá del lenguaje formal, lo importante es el contexto. La FGE es una de las dependencias más sensibles del estado, y dejar a alguien al frente —aunque sea de manera provisional— siempre genera expectativa. No es un cargo menor, ni de trámite. Aquí se toman decisiones que impactan directamente en la seguridad y la percepción de justicia en Chihuahua.

Sáenz Soto entra como una especie de “bateador emergente”: llega a cubrir el espacio mientras se define quién será el titular definitivo. Su encomienda, según el documento oficial, es conducirse bajo los principios del servicio público. Dicho de otra forma: hacer bien la chamba, mantener el orden y no soltar el timón en un momento clave.

Ahora la pregunta que queda en el aire es cuánto durará esta etapa provisional y, sobre todo, quién será la persona que tome las riendas de manera formal. Porque si algo ha dejado claro la política local, es que los interinatos rara vez pasan desapercibidos.

Por lo pronto, la Fiscalía tiene nuevo rostro… aunque sea temporal. Y en temas de justicia, incluso lo temporal puede marcar el rumbo.

El Mensaje de Maru

En Chihuahua, el discurso de la seguridad vuelve a ocupar el centro del escenario. Y esta vez, la protagonista es la gobernadora Maru Campos, quien lanzó una frase que suena fuerte, directa y sin rodeos: no van a descansar hasta consolidar la paz en todo el estado.

No es una promesa menor. En un territorio donde la violencia ha sido una constante en distintas regiones —especialmente en la Sierra— hablar de “no descansar” implica asumir una presión política y social bastante seria. 

Pero también es un mensaje que busca conectar con una ciudadanía que, más que discursos, quiere resultados visibles en su día a día: calles tranquilas, negocios funcionando sin miedo y familias viviendo sin sobresaltos.

El contexto no es casual. El reciente desmantelamiento de un narcolaboratorio en Morelos, fue puesto sobre la mesa como ejemplo de que algo se está haciendo. Un golpe importante, sí, pero también un recordatorio de la magnitud del problema. Porque si hay laboratorios, hay estructura… y si hay estructura, la tarea apenas comienza.

En su participación ante Coparmex en Delicias, la gobernadora no solo habló de seguridad como un tema policial, sino como una condición básica para el desarrollo. Y ahí hay un punto clave: sin paz, no hay inversión; sin inversión, no hay crecimiento. Así de sencillo. Por eso insistió en que garantizar condiciones de vida dignas es, en el fondo, el ejercicio más completo de la soberanía.

También llamó la atención el tono al referirse al crimen como “un cáncer”. No es la primera vez que se usa esa metáfora, pero sigue siendo poderosa porque transmite la idea de algo que se infiltra, crece y destruye si no se ataca de raíz. La diferencia está en que ahora el reto es demostrar que el tratamiento sí está funcionando.

Por otro lado, el tema de las investigaciones en curso —especialmente lo ocurrido el 19 de abril— sigue abierto. 

La creación de una unidad especializada suena bien en papel, pero la credibilidad dependerá de los resultados. La coordinación con la federación, particularmente con la Fiscalía General de la República, será clave para evitar que todo quede en declaraciones.

Al final del día, el mensaje de Maru Campos mezcla determinación, política y narrativa de responsabilidad. Habla de deber, incluso de patriotismo. Y sí, Chihuahua ha demostrado muchas veces que sabe levantarse en momentos complicados. 

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