Columna
Columna Una mañana chihuahuense en el corazón del Vaticano

Hay mañanas que no caben en un boletín ni en un protocolo. Mañanas que, sin pedir permiso, se vuelven fotografía emocional. Así fue en la Plaza de San Pedro. Ahí estában, bajo un cielo que parecía abrirse para dejar pasar un poco más de luz de la habitual, mientras miles de fieles esperaban la Audiencia General del Papa León XIV.
El Papa habló con esa calma que no se compra en ningún lado: sereno, directo, profundamente humano. Uno siente —aunque no esté tan cerca— que sus palabras no buscan impresionar, sino sostener. Y vaya que lo logran. La esperanza, dijo, no es teoría. Es motor. Y en ese momento la plaza entera pareció asentir.
Pero entre toda esa diversidad de rostros, banderas y acentos, uno destacaba con especial fuerza: el de la gobernadora de Chihuahua, Maru Campos. No llegó sola; venía con una delegación de la Sierra Tarahumara que llevó hasta el Vaticano no solo su presencia, sino su identidad. Algo tan simple y tan enorme como eso.
Y aquí es donde la escena cambia de escala. Porque al terminar la audiencia, Campos tuvo un encuentro cercano con el Papa. No fue la típica foto apresurada o el saludo de compromiso. Fue un intercambio breve, pero sincero. Le habló de Chihuahua, de su gente dura y noble, de la sierra que resiste con fe y de las comunidades que viajaron miles de kilómetros para estar ahí. Y luego hizo un gesto que, en política, pocas veces se ve: le pidió oraciones. No para ella, no para su gobierno. Para todas y todos los chihuahuenses.
A veces la diplomacia se viste de ceremonia. Hoy se vistió de cercanía. Y en esa mezcla de fe, identidad y orgullo norteño, Chihuahua dejó huella en el Vaticano. Esa mañana, aunque sea por un instante, la Plaza de San Pedro también habló con acento del norte.
Rumbo a la Sierra con la Presidenta
Parece que diciembre no solo traerá frío al estado, sino también visita presidencial. Y es que todo indica que la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, estará en Chihuahua el próximo 13 de diciembre, en un viaje que tiene más de fondo que de forma.
Su destino no es la capital ni un gran evento político: será Santa Tulita, en el municipio de Guadalupe y Calvo, corazón de la Sierra Tarahumara, donde los caminos se vuelven angostos y la voz de los pueblos indígenas se escucha con más claridad… cuando alguien decide escuchar.
La visita forma parte del Plan de Justicia para los Pueblos de la Sierra Tarahumara, un proyecto que busca saldar deudas históricas y fortalecer el bienestar de las comunidades que, durante décadas, han vivido entre carencias y rezagos, pero también entre cultura, dignidad y resistencia.
Se espera que la presidenta conviva con los pobladores, dialogue con autoridades tradicionales y llegue con algo más que discursos: una ruta clara de cómo su gobierno pretende impulsar mejores condiciones de vida para estas comunidades.
En pocas palabras, el 13 de diciembre la Sierra recibirá a la presidenta. Ojalá que esta visita no se quede en foto y protocolo, sino que marque el inicio de una relación más cercana y efectiva entre el gobierno federal y los pueblos originarios de Chihuahua.
Porque allá, entre pinos, barrancas y silencio, siempre han sabido esperar… pero ya es hora de que también empiecen a recibir.
Cuando la agenda se vuelve comunitaria
Hay días en que la política se quita la corbata y se sienta a la mesa como un vecino más. Así ocurrió, cuando Santiago De la Peña, Secretario General de Gobierno, se reunió con más de 50 integrantes de la «Asamblea de Dios» para hablar, sin rodeos, de lo que aún sostiene a esta sociedad: La familia.
El encuentro tuvo ese aire de conversación franca, donde cada quien comparte lo que ve en su trinchera. Y vaya que esta organización religiosa tiene un panorama amplio: operan 203 iglesias en el estado, 98 solo en la capital; además mantienen nueve orfanatos, tres albergues, cinco centros de rehabilitación —uno para mujeres y cuatro para hombres— y dos institutos bíblicos. No es poca cosa. Son números que, más que estadísticas, reflejan trabajo cotidiano y presencia.
De la Peña reconoció ese esfuerzo y coincidió con los presentes en que el desarrollo no se construye únicamente desde el escritorio, sino desde esos espacios donde la comunidad se forma, aprende y se reconstruye cuando hace falta.
Fue, en resumen, una mañana de acercamiento real: menos protocolo, más escucha. Y, sobre todo, un recordatorio de que cuando gobierno y sociedad civil se encuentran, aunque sea por un momento, la conversación se vuelve el primer paso hacia algo más grande.

