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Lo que dijo Christian Horner no concuerda con los comunicados de Checo Pérez y Red Bull.

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Jamás un equipo de Fórmula 1 le ha dado a escoger a un piloto si se va o se queda, cuando el argumento para no contar con él es su rendimiento. Esa narrativa manufacturada por Christian Horner es una total falacia y detrás de ella está la protección de su espalda, del responsable único y final de todo lo que pasa en Red Bull.

Un equipo de Fórmula 1 es un negocio, pero también una entidad deportiva a la que le cuesta, y mucho, despedir a un empleado de primer nivel como un piloto, sobre todo uno con trayectoria y un buen agente.

Horner creía que Checo Pérez era la apuesta correcta como segundo piloto a lado de Max Verstappen, y por eso le extendió el contrato hasta 2025 con opción de 2026, pero no contaba con el RB20 se iría abajo luego de la salida de Adrian Newey.

A la muerte de Dietrich Mateschitz, dueño de Red Bull, en 2022, se desató la anarquía en el equipo y la desbandada de talento fue inevitable. El primero en emigrar fue Rob Marshall (a McLaren), en quien Adrian Newey recargaba el desarrollo de los autos que diseñaba.

La lucha de poderes entre Horner y Helmut Marko formó bandos, incluso entre los accionistas. Los austriacos hicieron un frente común con el veterano consejero especial, mientras que la familia tailandesa Yoovidhya dio su espaldarazo al británico.

Hasta penoso es recordar que la animadversión llegó al punto de la filtración, a los medios, de mensajes inapropiados de Horner a una empleada del equipo, que a su vez tenía una relación con Jos Verstappen.

Una telenovela de bajo presupuesto habría tenido una trama menos burda. Al final, Horner conservó su puesto con alfileres, Marko fue reprendido por sospechas de haber estado involucrado en las filtraciones y al papá de Verstappen no se le vio en el paddock en un buen tiempo.

No hay escándalo que no se cure con buenos resultados en la pista y esos llegaron con todo en las primeras cinco carreras de 2024. Cuatro triunfos de Max y cuatro podios de Checo.

Lo que nadie sabía es que la pérdida de la armonía, esa que sedujo a Adrián Newey para unirse a Red Bull, lo terminó de ahuyentar y dejó de participar en los autos del equipo después del Gran Premio de Japón, para luego anunciar su partida justo antes del GP de Miami.

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