Columna
Caravanas que no se olvidan

Ciudad Juárez volvió a ver una escena que parecía sacada de otros tiempos. No hubo campaña, no hubo discursos desde un templete ni promesas al micrófono, pero sí hubo algo que ya no se ve tan seguido en la política: memoria.
Decenas de militantes del PAN salieron a las calles para rendir homenaje a Francisco Barrio Terrazas, exgobernador de Chihuahua, con una caravana que avanzó sin prisas, como queriendo alargar el momento. El punto de arranque fue Plaza Juárez Mall, ese cruce tan conocido entre Ejército Nacional y Tecnológico, desde donde comenzaron a rodar los recuerdos.
Alrededor de 65 vehículos tomaron la avenida Tecnológico, doblaron por el Gómez Morín y siguieron su camino hasta Mausoleos Luz Eterna. No era un desfile cualquiera. Las banderas, las consignas discretas y los saludos desde los autos evocaron aquellas caravanas de los años 80 y 90, cuando la política se hacía más en la calle que en las redes sociales.
Ya en el destino final, la caravana dio paso al silencio. Frente a la urna con las cenizas de Barrio, se celebró una misa a las cuatro de la tarde. Ahí no importaron cargos ni jerarquías; lo que pesó fue el reconocimiento a una figura que marcó a toda una generación panista y a una etapa clave en la historia política del estado.
Fue un recordatorio de que la política también se construye con símbolos, con gestos y con memoria. Porque al final, las ideas pasan, los gobiernos cambian, pero hay nombres que siguen rodando por la ciudad, aunque sea en caravana.
Cuando el domingo no alcanza
El domingo suele ser para descansar, pero en Chihuahua fue jornada extendida. La gobernadora Maru Campos y el secretario de Seguridad Pública Estatal, Gil Loya, cerraron el día trabajando, con papeles sobre la mesa y temas que no admiten espera.
La imagen no pasó desapercibida. Maru se tomó una foto con su secretario de Seguridad y la subió a sus redes sociales, acompañada de un mensaje claro y sin rodeos: “Trabajando en domingo hasta tarde por la seguridad del Estado. Gracias, Gil Loya”. Más que pose, fue señal política.
Porque cuando la seguridad aprieta, el descanso se negocia. Y ahí estuvo el mensaje: hay coordinación, hay seguimiento y hay prioridad. No todos los problemas se resuelven en horario de oficina, y este es uno de ellos.
Gil Loya sigue operando bajo perfil, pero con presencia constante. Menos discurso, más escritorio y más llamadas. Un estilo que, guste o no, se refleja en la confianza que le muestra la gobernadora.
En una época donde el tiempo es el recurso más escaso, trabajar un domingo también comunica. Y en política, comunicar a veces pesa tanto como decidir.
España debe de pedir perdón
Decirlo de frente sigue incomodando a muchos, pero alguien tiene que hacerlo sin rodeos: España debe de pedir perdón. No como un capricho político ni como un gesto vacío, sino como un acto mínimo de reconocimiento histórico. Y eso es justo lo que volvió a plantear la presidenta Claudia Sheinbaum al hablar de la grandeza cultural de México y del papel de los pueblos indígenas.
Porque sí, México es enorme por sus culturas originarias, por sus lenguas, por sus tradiciones que sobrevivieron a todo. Y sobrevivieron no gracias a la colonia, sino a pesar de ella. La discriminación, el racismo y el clasismo no aparecieron por generación espontánea; fueron sembrados durante ese periodo y, lo peor, normalizados con el paso del tiempo
Pedir perdón no cambia el pasado, pero sí cambia el mensaje. Reconoce que hubo abuso, imposición y despojo. Reconoce que no fue una historia pareja ni justa. Y reconocerlo no debilita a nadie; al contrario, fortalece la posibilidad de una relación más honesta entre naciones.
Sheinbaum lo dijo y lo va a seguir diciendo. Y está bien que así sea. Porque la memoria no divide, lo que divide es la negación. Y porque mientras no se reconozca el daño, seguirá habiendo una deuda pendiente. Una deuda que empieza con algo tan simple —y tan poderoso— como decir: perdón.

